Amor y educación en la copa de un árbol

Acabo de terminar de leer “Nuestra casa en el árbol” de Lea Vélez, uno de los libros más entrañables de los que he disfrutado en mucho tiempo. Conocí a Lea en Facebook hace algo más de un año por un comentario crítico sobre el sistema educativo; pensé que era una mami como cualquier otra, con más sentido común, pero como otras, cansadas de un sistema que no responde adecuadamente a las necesidades de sus criaturas, incluso tuve la osadía de abordarla en privado y felicitarla por su trabajo. Pero no, Lea Vélez no es una mami como cualquier otra, Lea es una mamá muy especial. No todas las madres construyen casas a sus hijos en las copas de los árboles e hilvanan una historia maravillosa a raíz de ese hecho; también hay que decir que no todas las madres son escritoras. Sigue leyendo Amor y educación en la copa de un árbol

El fondo y las formas

Asistimos a unos acontecimientos sin precedentes en los últimos años de esta frágil democracia en la que vivimos: el partido gobernante implicado en no sé cuántos casos de corrupción, el otro gran partido, referente histórico de la izquierda, enredado en luchas intestinas y poniéndole en bandeja el gobierno de la nación al partido corrupto (y de derechas), llegando a defenestrar a su Secretario General para eliminar obstáculos, y los nuevos (¿?) partidos utilizando improperios continuos para debatir en el Congreso, lugar donde se supone representan a la ciudadanía. Sigue leyendo El fondo y las formas

Resaca electoral

No he leído los cientos de análisis post-electorales que deben estar haciendo sesudas mentes de este país, ni pienso hacerlo, sólo he podido leer los comentarios de mi “reducido” (algo más de 1.500) grupo de amistades de Facebook donde la desolación, el cabreo y la incredulidad son los sentimientos más percibidos. Pero yo debo vivir en una burbuja de progres porque está claro que en este país, más de 11 millones de personas prefieren a la derecha (sumando PP + Ciudadanos), ya que Unidxs Podemos y PSOE no llegan a 10 millones y medio, eso sí, un 30% de habitantes de la madre patria se quedaron en sus casas/playas/estadios de fútbol/bares,… tocándose las narices y permitiendo que otrxs tomen las decisiones por ellxs. Sigue leyendo Resaca electoral

Decir “te quiero”

¡Cuánto daño ha hecho, y está haciendo, la restricción emocional masculina! No suelo reflexionar mucho sobre mi práctica profesional, pero llevo unas semanas con varias situaciones familiares muy difíciles en mi trabajo que han generado estas breves ideas. Últimamente he tenido la oportunidad de hablar con muchos papis y menos mamis que no les dicen “te quiero” a sus hijos/as, que no les demuestran afectividad, que no les abrazan, besan o les dicen palabras bonitas. Luego piden un/a psicólogo/a para sus respectivas criaturas porque no saben qué les pasa, por qué tienen problemas de conducta,… Sigue leyendo Decir “te quiero”

Semana de pasión

La primera acepción del término pasión en el Diccionario de la Real Academia Española es “acción de padecer” y padecer se define según el citado DRAE como:
1. tr. Sentir física y corporalmente un daño, dolor, enfermedad, pena o castigo. U. t. c. intr.
2. tr. Soportar agravios, injurias, pesares, etc. U. t. c. intr.
3. tr. Sufrir algo nocivo o desventajoso. Padecer engaño, error, equivocación.
4. tr. sufrir (‖ tolerar).

El término “pasión” en el contexto judeocristiano se asocia a la pasión de Jesucristo, un señor que supuestamente resucitó al tercer día tras ser crucificado y se convirtió en el germen de una religión cuyo mensaje se basaba en el amor, la compasión, la ayuda a quienes lo necesitan,… ya lo decía Mateo en sus bienaventuranzas: Sigue leyendo Semana de pasión

Crónicas de verano: lo que pasa en mi piscina

Disfruto del privilegio de vivir en una comunidad con piscina, sí, en esta mierda de mundo en crisis soy una privilegiada, y no por la piscina, sino por tener trabajo, techo y esas cosas que te hacen la vida un poco más fácil.

Cada verano intento bajar a la piscina cuando no hay casi nadie (misantropía veraniega) pero los fines de semana se hace difícil, así que tengo que convivir por un corto espacio de tiempo con un microcosmos que, no sé por qué extraña razón, creo que es un reflejo del mundo exterior. Yo vivo en una burbuja feminista, mis amistades de Facebook (casi 1500) van casi todas en mi onda, estamos contra la violencia, el patriarcado, el capitalismo neoliberal, a favor de la diversidad, de los derechos de las mujeres,… nos cuestionamos el sistema, apoyamos la libertad, la igualdad, la justicia,… en fin, el paraíso. Fuera de la virtualidad, mis redes sociales de apoyo van también en esa línea, conversamos, debatimos, disfrutamos de los pequeños placeres cotidianos como un atardecer o una cerveza con camarones; boicoteamos Mujeres y hombres y viceversa (MHYV) y somos fans de “El Intermedio” o “El Objetivo”, en definitiva, somos de esa gente comprometida con su realidad social y que quiere cambiar el mundo. Sin embargo, creo que somos minoría, una minúscula minoría.

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Reflexionando…

Mañana 24 de mayo se augura un día histórico para la democracia; nuevos partidos emergentes concurren a las urnas prometiendo un cambio necesario y urgente. La izquierda, más fragmentada que nunca, y la derecha, tocada y ¿hundida? por una corrupción incesante que hace sentir vergüenza ajena acerca de la gestión de lo público en nuestro país. Sigue leyendo Reflexionando…

Divagaciones previas a un primero de mayo

Tengo un autocompromiso de escribir un post al mes en este blog, pero mis últimos acontecimientos vitales (inicio de docencia universitaria) hacen que el tiempo disponible sea cada vez menor y los acontecimientos susceptibles de generar reflexiones cada vez mayores.

En estas últimas semanas la actualidad ha venido marcada por “Ratas”, piche, falta de ética e incompetencia gubernamental, vamos, lo habitual. Sigue leyendo Divagaciones previas a un primero de mayo

¿Formación en género sin perspectiva de género?

No pensaba escribir sobre esto, pero finalmente me voy a lanzar a hacer una reflexión sobre una formación a la que asistí la pasada semana en una Universidad de Verano. Cuando una asiste a una Universidad espera que los contenidos de la formación recibida tengan un nivel alto, bastante alto. Si yo me inscribo en un curso impartido por cualquier mindundi sin acreditación no voy a exigir calidad (de hecho, no me apuntaría), pero si pago 70 € y lo organiza la Universidad sí creo tener derecho a recibir una formación acorde a mis expectativas (que sí, son altas, pero entiendo que al centro productor de conocimiento por excelencia, la Universidad, hay que exigirle bastante).

No voy a identificar el curso pero sí ciertos elementos de su contenido o de las reflexiones que allí se dieron y que como feminista cuestiono. Si yo asisto a un curso sobre género, lo mínimo que espero es que sus docentes tengan una amplia formación en género (la mayor parte la tenían, pero hubo excepciones significativas) y no que me expliquen el complejo de Edipo. Las teorías psicoanalíticas han aportado una visión interesante sobre la construcción de la subjetividad humana y las identidades así como sobre la importancia de lo inconsciente en la vida de las personas, especialmente cuando tales teorías han pasado por una relectura feminista de las mismas (Juliet Mitchell, Julia Kristeva y todas las teóricas de la diferencia, Nancy Chodorow, Mabel Burin,… que, por cierto, no fueron citadas por la ponente que se explayó con el complejo de Edipo.) Mantener la ortodoxia freudiana en el siglo XXI para mí no tiene mucho sentido, y utilizar el complejo de Edipo a la hora de explicar la construcción de las identidades femeninas es algo que, en la actualidad, además de estar desfasado, está sobradamente cuestionado. Si en la triangulación madre – padre – hija, yo pregunto dónde quedan las parejas lesbianas o gays no se me puede responder que:

a)      Bueno, en esas parejas también habrá alguien que esté más tiempo con el/la peque, le dé el biberón, cree más vínculos,… (¡roles de género tradicionales!)…

b)      Cuando a mí se me ponen los pelos como escarpias y digo que hay parejas corresponsables, me dicen que eso es un fenómeno nuevo…

c)       Y cuando yo digo que gays y lesbianas han existido de toda la vida y que sigo sin ver cómo encajan en el complejo de Edipo de las narices, me dicen que… “claro, es que yo no he trabajado eso y de lo que no sé, no puedo contestar”, algo que me parece muy ético (no hablar de lo que no se sabe, cosa que en este país hace muy poca gente), pero insuficiente para un curso universitario.

Segunda “anécdota” del curso que duraba cinco días, al cuarto, y después de tres días mordiéndome la lengua ante la afirmación de que las relaciones de pareja son complementarias (heteropatriarcalmente hablando), pregunté qué significaba eso de la complementariedad porque no acababa de entenderlo; maticé que si yo quería un complemento me compraba un foulard y no me buscaba una pareja y que desde el feminismo se había trabajado mucho para considerar a las personas como seres completas, sin necesidad de “medias naranjas”, y entendíamos que las relaciones de pareja debían configurarse desde la horizontalidad y la igualdad, no desde la complementariedad. Respuesta desde el curso:

a)      “Hombres y mujeres somos complementarios biológicamente, si no, no podríamos tener hijos/as” (yo, al borde de un síncope, vuelvo a insistir en lesbianas y gays, quedé un poco machacona, sí, pero la invisibilidad LGBTI me tocó las narices, y también insistí en que se podían tener criaturas sin necesidad de un coito heterosexual, y además, aunque copulemos ello no quiere decir que seamos complementarios)

b)      Ante mi discrepancia se afirma algo así: “las teorías que rechazan la complementariedad son teorías totalitarias, y los totalitarismos son peligrosos y pueden generar patologías psicológicas importantes”. Ser una persona completa parece que no es muy “cool”.

Conclusión: ¡soy totalitaria y patológica!, así que tras 70 € de matrícula y ni una puñetera carpeta con folios para tomar notas (tuve que protestar a la organización para que me dieran una), he hecho una formación sobre género que no me ha servido para nada salvo para:

a)      Conocer compañeras muy interesantes en el curso, gracias especiales a Mélida por hacérmelo más soportable!

b)      Disfrutar durante una semana del sur de la isla, del jacuzzi del hotel y del buffet libre (algo es algo!)

c)       Ver películas que podría haber visto en Ia red (sí, una sesión del curso se dedicó a ver una película completa y otra a ver fragmentos casi completos). Está bien utilizar recursos audiovisuales, no digo que no, yo lo hago, el cine y la música aportan elementos de análisis importantes, pero cuando dispones de 20 horas lectivas y te dicen que no vas a poder aprender todos los contenidos y no te pueden explicar con detalle debido al escaso tiempo, invertir 4 horas en cine y no en el modelo que se suponía que el curso nos iba a transmitir me parece una organización del tiempo, cuando menos, curiosa. (En mi caso, los recursos audiovisuales los utilizo en cursos de más de 100 horas cuando hay suficiente tiempo para explicar contenidos al detalle).

d)      Aprender que no debo volver a hacer un curso sin rastrear previamente hasta el último dato de sus ponentes y comprobar su sólida formación en género (y reitero que varias la tenían, cierto, pero se “colaron” planteamientos preocupantes).

Puede que alguien piense que soy muy exigente pero me suele hacer ilusión aprender algo nuevo cuando voy a un curso; en este caso, las reflexiones entre las alumnas fue, tal vez, lo más interesante.