Hombres

En las últimas semanas llevo escuchando historias terribles en mi trabajo. En realidad, llevo 26 años escuchando historias terribles, pero llega un momento que en lugar de desarrollar empatía y asertividad dan ganas, parafraseando a Nena Daconte, de sacar una pistola y disparar contra todos los hombres, malos, en este caso.

Un niño de 5 años te cuenta cómo su padrastro le pega, le grita, le baña con agua fría o le castiga poniéndole de rodillas, entre otras “lindezas”. Una mujer te cuenta cómo un hombre de su familia ha abusado sexualmente (o lo ha intentado) de sus hijas, nietas, nueras,… durante años, y ahí sigue, libre, impasible, impune,… Eso sí, mientras la justicia, lenta y saturada como ella sola, hace su aparición, las víctimas no podrán recibir apoyo psicológico para no “contaminar” el proceso. Es decir, normalmente en este país las víctimas de abusos sexuales pueden estar sin recibir apoyo terapéutico especializado más de un año, dos, tres,… depende de la agilidad del juzgado que resuelva. Otras víctimas de violencia machista tampoco corren mejor suerte; también en los últimos días, una mujer afirma: “no creo que él se atreva a hacerme nada, pero sí puede pagar a alguien para que lo haga”… Un mes esperando para que la atiendan (tras una gestión de la menda porque sin gestión llevaba más de un año en lista de espera)…

La espera… parece que estamos predestinadas cual Penélopes a ella, pero en realidad no es cuestión de predestinación, es el fracaso absoluto de un sistema carente de recursos para abordar la mayor lacra de la historia: la masculinidad tradicional, el machismo, la misoginia, el patriarcado,… La construcción de la masculinidad hegemónica es la mayor arma de destrucción masiva del mundo. Si pudiéramos contabilizar las víctimas de la violencia machista a lo largo de la historia, estoy segura que su número superaría a las guerras mundiales (orquestadas y ejecutadas también por hombres, no se nos olvide). La masculinidad patriarcal es tóxica, dañina, maltratante, asesina,… Y nadie (salvo las “locas” feministas) parece muy proclive a cuestionarla, es más, se refuerza, Trump es un ejemplo de ello. Resulta muy simbólico el triunfo de hombres que desprecian y denigran a las mujeres públicamente sin que haya una contestación social de rechazo profundo.

¿Nos estamos acostumbrando a ello? ¿Indiferencia, hastío, impotencia, falta de articulación, de conciencia,…? Están calando de tal manera los mitos sobre una estrategia válida para hacer frente al patriarcado, el feminismo, que la sociedad se está convenciendo de que hay muchísimas denuncias falsas, que las feministas somos equiparables al nazismo (feminazis nos llaman) o que los hombres están siendo víctimas de una conspiración mundial para machacarlos a todos. No deja de resultar curioso que los privilegiados vayan de víctimas y a las oprimidas se nos achaque ser verdugos, pero lo cierto es que urge poner el foco en ellos. Urge parar el daño que están haciendo; prácticamente cada semana una mujer es asesinada en España por hombres machistas, miles sufren el horror de la violencia diaria (vejaciones, humillaciones, control, palizas, agresiones sexuales,…), otras tantas son violadas, torturadas, mutiladas, prostituidas,… sin que pase nada, salvo que algunos engrosan las listas de la población penitenciaria, y no todos…

El 25 de noviembre se aproxima… Habrá manifiestos, minutos de silencio, campañas de sensibilización,… y pasará sin que las mujeres perciban realmente una respuesta eficaz de las instituciones y mayor seguridad y libertad en sus vidas.

Y ellos seguirán impunes, riendo, dañando,…

Comenzaba parafraseando a Nena Daconte disparando contra todos los hombres malos, los buenos, los que quedan, deben frenar esta sangría. Mientras sigan naturalizadas las humillaciones, las burlas, el desprecio,… a todo lo considerado femenino (no hay más que ver el último ejemplo de “El Hormiguero”), el mundo será un lugar absolutamente detestable.

Estoy especialmente pesimista últimamente (sobre ya mi habitual pesimismo), aunque eso no me impedirá seguir luchando para transformar las cosas. Se están haciendo iniciativas loables para avanzar hacia una sociedad bientratante que quizás no tienen demasiado eco mediático, pero en ello estamos. Mujeres valientes, libres, sin miedo,… seguimos defendiendo la idea de una sociedad igualitaria, justa, afectiva, respetuosa con la diversidad,… y seguiremos confrontando el machismo, la misoginia y la LGBTfobia. Porque sí, estamos en guerra, hay quien dice que no podemos situar el debate como si fuera una guerra de sexos, el problema es que la realidad nos devuelve cadáveres de mujeres prácticamente a diario, muertas a manos de hombres que no han sido capaces de entender que las mujeres somos seres con derechos, con libertad.

Mi último amante me dijo una vez que nunca había conocido a una mujer tan libre como yo… a los pocos meses desapareció (supongo que tiene algo que ver con eso que hablaba Galeano del miedo del hombre a la mujer sin miedo). Eso es lo que deberían hacer todos los asesinos y potenciales agresores, desaparecer.

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Nota: Cuando hablo de masculinidad tradicional o masculinidad hegemónica hablo de la construcción de una identidad masculina basada en el poder, el dominio, el control, la violencia,… Ese modelo históricamente se ha atribuido a los hombres. No quiere decir que eso sea una realidad inmutable, todo lo contrario, pero han de ser ellos quienes transformen ese modelo destructor, violento y dañino en un nuevo modo de ser, para construir relaciones afectivas basadas en el cuidado y los buenos tratos. Muchos hombres lo están haciendo pero son una minoría, o invertimos esto o la vida de las mujeres seguirá estando en riesgo.

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