¿Trabajo Social de pósit?


En casi 36 años como trabajadora social me he enfrentado a situaciones vitales muy complejas, qué les voy a contar, sobre todo a las compañeras de profesión que me leen. Empecé mi trayectoria trabajando en un barrio de difícil desempeño y lo que vi allí, a pesar de su dureza, no tiene nada que ver a las problemáticas a las que me enfrento en la actualidad.
Nuestro mundo se ha complicado en grado sumo y las vidas humanas importan cada vez menos; la exclusión y las violencias se expanden y en Canarias (y en otros contextos) nos enfrentamos a fenómenos como los procesos migratorios, la trata de seres humanos en dichos procesos, el incremento de las violencias machistas y, específicamente, las sexuales en adolescentes y jóvenes, la adicción a las redes sociales, el auge del fascismo, la crisis de la vivienda, el deterioro de nuestro entorno fruto de un turismo depredador y la sobrepoblación en un territorio limitado, la precarización del empleo, y de la vida en general, unido a una falta de cuidados y vínculos seguros,… Todo esto y más impacta desfavorablemente en la vida de las personas con las que trabajamos, por eso, hoy más que nunca el trabajo social se vuelve imprescindible. Sin embargo, las profesionales de esta disciplina estamos cada vez más desbordadas y el tiempo de atención se vuelve escaso para acompañar a las personas en la garantía de sus derechos.
Hace unos días, una mujer a la que he acompañado durante varios años, con una historia de vida muy compleja y con una grave carencia para entender el complejo entramado burocrático que nos asfixia, me decía: “parece que la trabajadora social no quiere trabajar, no me quiere ayudar”. Esto venía a que la señora, que necesitaba un asesoramiento y acompañamiento en materia de vivienda, fue derivada por parte de los Servicios Sociales municipales a un recurso especializado a través de un pósit. ¿Y a quién le enseñó el pósit la señora? A la menda, porque no sabía qué hacer con él, ni a quién llamar para pedir cita, ni cómo llegar al recurso, ni nada (de hecho, para no hacer larga la historia, el pósit llegó a mí cuando alguien en su familia le había concertado una cita con un recurso que no era, por lo que no solo hubo que cancelar dicha cita, explicándole a ella que en su familia se habían equivocado, sino volver a detallarle toda la información (la que no cabía en el pósit), gestionar una nueva cita, recordárselo y animarla a que fuera (minirresumen).
Y todo esto que puede parecer anecdótico, no lo es, no es un caso aislado. ¿Nos estamos convirtiendo en derivadoras de pósit? ¿Dónde quedó el acompañamiento presencial, el trabajo de calle, fuera de los despachos? Comprendo perfectamente la saturación que se vive en los Servicios Sociales comunitarios, pero ¿por qué no nos plantamos? ¿Realmente ese es el trabajo social que queremos hacer? ¿No nos genera esa forma de funcionar un mayor malestar emocional, aparte del que generamos a las personas con las que trabajamos?
Siempre he dicho que los protocolos, los expedientes, el registro de la información con la que trabajamos es muy importante (sobre todo para las desmemoriadas como yo), pero no podemos poner la burocracia por encima del trato humano. No deja de resultar curioso que las respuestas más eficaces y rápidas las esté encontrando en entidades sociales frente a los sistemas públicos de bienestar. Y esto no era así hace unas cuantas décadas, cuando trabajaba en una entidad social y era en las administraciones públicas en quienes me apoyaba para dar respuesta a las mujeres y familias. ¿Por qué se ha invertido el orden? Y no solo eso, sino la forma de nombrar lo que hacemos. Cada vez que hablo con algún equipo especializado en infancia parece que lo hago con la policía (instruir expedientes, investigación previa, comparecencias, notificaciones…) ¿Nos hemos querido dotar de tal pátina de tecnicismo que hemos perdido la coherencia y el calor humano?
Creo que la profesionalidad no es incompatible con el lenguaje fácil, cercano, accesible, con el contacto físico, con los abrazos (hace poco recibí uno de una mami, de esos que te recargan para todo un mes). Las complejas situaciones que nos llegan requieren de tiempo, cercanía, apoyo, escucha, acompañamiento (físico si es necesario), no un pósit con el nombre de un recurso. Y si nuestra administración no nos permite una forma de hacer trabajo social con personas, familias, grupos y comunidades, que vaya más allá de lo asistencial desbordante, igual le tenemos que recordar a la administración que así no. Igual es hora de hacer una huelga en los servicios sociales, igual es hora de crear alianzas con las personas que atendemos para que reclamen una atención digna, en tiempo y forma. Igual es hora de pararlo todo para que entiendan que somos imprescindibles y que nos tienen que cuidar para poder cuidar. Sí, igual ya va siendo hora.

Nota: imagen generada con la IA Google Gemini


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *