Maldita izquierda


Estos últimos días han sido frenéticos, movilizaciones sociales, convocatoria de elecciones anticipadas, fallecimiento de MariCarmen, la mujer que ha generado una ola de reivindicaciones por el derecho a una vivienda digna… Pero quiero centrarme en las próximas elecciones; desde que se anunció la fecha he estado manteniendo conversaciones con gente obrera que afirma que votará a la derecha, en contra de sus propios intereses y sin conciencia alguna de clase. Ha calado de tal manera el relato contra el sanchismo y la dictadura bilduetarra bolivariana, que personas trabajadoras piensan votar a quienes defienden los intereses de los ricos y nos hundirán al proletariado en la agonía. Agonía, rabia y frustración al ver que nuestro sistema de pensiones está en juego, que los servicios públicos que quedan en pie, bastante maltrechos, serán privatizados o eliminados, que los derechos de las mujeres retrocederán a épocas muy oscuras y los de la población migrante otro tanto, entre cientos de barbaridades más. No se ocultan, lo dicen abiertamente y, sin embargo, les votan. Les votan aquellos que destilan odio porque la ultraderecha se ha ocupado muy bien de crear ese caldo de cultivo (arropada por miles de bots en redes sociales) mientras la izquierda estaba a por uvas. Les votan quienes apenas llegan a fin de mes, pero prefieren sus miserias antes que una inmigrante tenga derechos, quienes nos llaman perroflautas a las que luchamos por los derechos de todas.
La derecha/ultraderecha donde gobierna arrasa, destruye el bienestar y no ha gestionado nada beneficioso para el pueblo en su vida, gestiona para el poder económico. ¿Nadie recuerda el Prestige, el Yak-42, las residencias de Madrid (7291), la DANA de Valencia,…? Con una estela de muertes a sus espaldas y les votan. ¿Y por qué ocurre esto? ¿Dónde está la alternativa de izquierdas que ha cambiado sustancialmente la vida de la gente? … ¿Se han logrado cosas? Por supuesto: se ha incrementado el salario mínimo interprofesional, las pensiones, se han hecho modificaciones legislativas que mejoran las situaciones de dependencia y discapacidad,… pero no se ha conseguido responder a problemas gravísimos como la vivienda o la carestía de la vida, que afecta al día a día de la ciudadanía. Cuando tuvieron oportunidad (mayoría suficiente para tomar medidas más valientes) la desaprovecharon y siguieron haciendo políticas aliadas con el capital. Ante eso, muchas personas progresistas no nos sentimos representadas por el espectro político actual. No voy a hacer un exhaustivo análisis del purismo de la izquierda y de sus luchas intestinas que nos han conducido hasta aquí; llevo años votando alternativas “menos malas” sin que me convenza ninguna. Se acerca un nuevo ciclo electoral y una fecha clave, con una ciudadanía en las calles harta y exigiendo cambios. ¿Los propiciaremos en las urnas o seguiremos en las calles? Recuerdo que a la mayoría que viene, según las encuestas, les importará tres pimientos la lucha social, nunca les hemos importado; con las alternativas de izquierdas tenemos la opción de que importemos un poco; entre nada y un poco, ¿qué preferimos?
Soy consciente del descontento y malestar, pero también sé lo que no quiero, y creo que la presión popular hace más mella en las formaciones políticas progresistas que en cualquiera otra, así que el 29 de noviembre votaré con mucha rabia, maldiciendo la torpeza política de la izquierda, su falta de unión y alternativas eficaces para cambiar realmente la vida de la gente, pero siendo consciente, al menos, de los pequeños avances alcanzados. No podemos dejar de caminar hacia la utopía, que en mi caso no deja de ser una utopía feminista: la erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres y la justicia social, que pasa por el reforzamiento de los sistemas públicos de bienestar (educación, sanidad, servicios sociales, empleo, vivienda, pensiones, políticas de igualdad,…) Y tengo clarísimo quienes nos acercan a esa utopía, aunque sea con pasos muy lentos, y quienes nos alejan de ella. El fascismo se para en las calles, pero también en las urnas, ojalá que el movimiento social generado a raíz de la crisis de vivienda sirva para demostrarlo a partir del 29 de noviembre.


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