Madres


Hay quien dice que si no tienes hijos o hijas no puedes hablar de la maternidad, yo no tengo por renuncia consciente, pero llevo trabajando más de 35 años de mi vida con mujeres que son madres, así que me voy a arriesgar a hacer unas cuantas reflexiones en este mes de mayo, que se inició celebrando el día de las madres.

Mi gran maestra feminista Marcela Lagarde (1997, p. 248) en su libro Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas define la maternidad como “el conjunto de hechos de la reproducción social y cultural, por medio del cual las mujeres crean y cuidan, generan y revitalizan, de manera personal, directa y permanente durante toda la vida, a los otros, en su sobrevivencia cotidiana y en la muerte”. Parafraseando a Gerda Lerner en La creación del patriarcado (1990), el sexo es lo que determina que las mujeres tengan hijos e hijas, pero es el género, el sexismo, lo que asegura que ellas serán las que los cuiden. 

Uno de los grandes arquetipos atribuidos a las mujeres es la maternidad, las mujeres son MADRES (en mayúscula) pero el mismo arquetipo no pesa de la misma manera en los hombres, maternidad y paternidad tienen significados distintos en las sociedades patriarcales. Así, un mandato de género es que las mujeres sean buenas madres, y si no responden a ese mandato son absolutamente cuestionadas y vilipendiadas. Si un hombre es un mal padre no cae sobre él el peso de los estereotipos sexistas, cosa que sí ocurre con las mujeres. A las mujeres se nos atribuye el rol de maternar aunque no tengamos criaturas biológicas, de hecho, maternalizamos nuestras relaciones de pareja, laborales, amistosas,… Nos ocupamos de cuidar vitalmente a otros y otras, pero pobres de nosotras si dejamos de hacerlo.

Trabajar en el sistema educativo me ha permitido conocer a centenares de madres, mujeres maravillosas implicadas de forma protectora en la crianza de sus criaturas y mujeres negligentes también, en menor medida. Ser madre es una tarea muy compleja y cuando no se tienen redes de apoyo aún más. Desde que trabajo específicamente en el ámbito de la discapacidad, no puedo dejar de admirar y aprender de madres que cuidan a niñas y niños altamente dependientes. Cuidados 24 horas, sin descanso, sin respiro. Pero también me he encontrado, especialmente en las últimas semanas, cuestionamientos constantes a esas mujeres que cuidan por parte de profesionales de los sistemas educativo, sanitario o de servicios sociales. Madres que si no cumplen al límite con la abnegación y el sacrificio que “les corresponde” son tachadas de “malas madres”. Si te tomas un respiro y sales de fiesta con tus amigas (dejando a la criatura al cuidado de otros familiares), mal porque no estás al pie de su cama de manera incondicional; si no acudes a una cita médica porque no puedes con tu alma y no quieres someter a tu retoño a una tortura innecesaria, mal porque estás incumpliendo con un sistema que pretende controlar al milímetro tus cuidados porque no se fía de que una madre sepa más de la enfermedad de su hijo que los propios médicos; si demandas al centro educativo que cumpla con las adaptaciones que favorezcan la inclusión de tu hija, mal porque qué sabrá la madre si no es maestra; si cuestionas la falta de recursos de apoyo que no permiten conciliar ni tomarte un respiro, mal porque para qué quieres un respiro si “no trabajas” (recuerdo que dentro de casa también se trabaja) y ya respiras bastante el tiempo que el niño está en el cole…

En resumen, el cuestionamiento siempre se produce sobre las mujeres, los hombres son los grandes ausentes de la ecuación paternal. Y creo que ya está bien. Yo haría un monumento a “mis mamis” porque conozco su dedicación y desvelos, sus aciertos y errores, porque son simplemente humanas que cuidan, y eso, en estos tiempos ya es absolutamente loable. Pero dejemos de poner el foco en las madres y empecemos a ponerlo también en el papel de los padres en la crianza y en la responsabilidad de las y los profesionales de los sistemas de bienestar que han de garantizar las condiciones para que esas madres no acaben sobrecargadas hasta la extenuación. Porque es muy fácil hablar y cuestionar la crianza, pero nos falta empatía para entender que la maternidad en el patriarcado no es nada fácil. No se trata de ser buenas o malas madres, se trata de ser madres, simplemente, que ya es mucho.

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6 respuestas a “Madres”

  1. Excelente artículo Ferraz. Verdaderamente que comprendes a cabalidad el papel de la madre/mujer y su papel.en está sociedad machista. Comparto contigo lo de entender que no hay que tener hij@s para saber la realidad de las madres.

    • Gracias Karina, y eso que no hablé de las madres protectoras y la violencia vicaria, que sería para otro post, igual después del encuentro que estoy siguiendo de forma virtual ¡un abrazo fuerte!

  2. Maravillosa y sangrante análisis y crónica reflexiva sobre la maternidad, sus vertientes (tengas hijas, hijos, o no) y la losa del patriarcado que acosa y vigila a las madres para garantizar su esclavitud y conseguir someterlas a través de la culpa.
    Como siempre, mil gracias María

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