«De buena es boba»


Esa expresión se decía mucho cuando era pequeña en mi contexto cercano, viene a significar lo que se deduce, que las personas buenas acaban “siendo”, o pareciendo, bobas a ojos del resto del mundo. La bondad hoy está especialmente denostada e infravalorada. 

Siempre he procurado rodearme de personas buenas y alejarme de aquellas que me dañan, aunque acabe tropezando siempre en la misma piedra al otorgar presunción de bondad a quienes me han rodeado; pero si hay algo que me duele especialmente es comprobar cómo se ensañan especialmente con las personas buenas y cómo se minimiza y legitima el daño en la actualidad.

Ahora que acaba un curso escolar, me gustaría reflexionar acerca del daño que se ejerce sobre la infancia, desde dos contextos fundamentales para su socialización: la familia y la escuela. Tenemos ahora mismo en nuestro país marcos legislativos suficientes, mejorables pero suficientes, para proteger a niñas y niños ante cualquier forma de violencia y, sin embargo, no se aplican. No se escucha a las criaturas y no somos conscientes del efecto devastador que tiene la violencia sobre las mismas, pero no sólo la violencia física, psicológica o sexual, sino también la violencia estructural que se ejerce por los sistemas que han de protegerlas.

Familias que han perdido el norte en la crianza y que no cuentan con apoyos suficientes para retomarlo, niños y niñas que viven “educados” por pantallas y que luego nos escandalizamos cuando llegan a la adolescencia y piensan que se vive mejor en una dictadura (que no han conocido y espero que nunca lo hagan); vínculos comunitarios rotos e influencers y youtubers que ocupan el lugar de progenitores. Pornificación e hipersexualización a mansalva, una vuelta a modelos tradicionales que están abrazando adolescentes y jóvenes (recuerden a RoRo y su modelo “Tradwives”) o chicos que bucean en la manosfera buscando un sentido a sus vidas, reactivos ante la igualdad y sin referentes positivos sobre cómo ser hombres de otra manera… No nos imaginamos el daño que eso está causando, y la factura que pasará a estas generaciones.

Y los contextos educativos a por uvas… Sin educación afectiva y emocional, sin coeducación y sin estrategias para afrontar la desinformación y los contravalores digitales. Necesitamos un compromiso ético de todas aquellas personas que inciden en la infancia, que no miren para otro lado cuando una niña o un niño explica que se siente mal, que alguien le ha hecho daño,… y responda: “cosas de niños, no pasa nada, a seguir jugando”; si las familias no tienen estrategias, la escuela no puede claudicar en la compensación de desigualdades ni en aportar otros valores a la infancia. Está claro que hay que aprender contenidos curriculares, pero de alguna manera tenemos que transversalizar las competencias socioafectivas y, en ese sentido, si el profesorado no lo hace (y se forma para ello) estamos perdidas. Hace unos días leía este artículo y, especialmente, los comentarios al mismo en redes sociales, un horror: culpabilizaciones a las familias, cero autocrítica docente salvo excepciones, y seguimos sin ver que estamos ante un problema estructural que nos compete a todos los sistemas, no es cuestión de echar balones fuera, ni las familias por sí solas van a solucionar nada, ni la escuela, ni los servicios sociales, ni cualquier otro sistema de bienestar.

Por eso, en los tiempos que corren necesitamos más bondad en el mundo, más valores compartidos y trabajo en común, más cooperación y menos individualismo, más love y menos hate; nunca entenderé a la gente que nos acusa de “buenistas” a quienes defendemos la cultura del buentrato. Pues sí, hace falta más gente buena, en la política, en las escuelas, en las familias, en la sociedad. Hartas estamos de violencia, de corrupción, de malvados y aprovechados; ahora que se plantea tanto el gasto en defensa, necesitamos ejércitos, sí, pero de personas buenas, igualitarias y comprometidas con el buentrato, la democracia y la justicia social. Creo firmemente en la revalorización de la bondad, seamos buenas pero no bobas.


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