Cuidados, coeducación y prevención de las violencias: aportes feministas para transformar el Trabajo Social


Este artículo es la segunda parte del publicado el pasado mes de mayo y aglutina lo que intenté compartir en el espacio de diálogo “Perspectiva ecofeminista para y desde el Trabajo Social”, el 29 de mayo de 2026, en el marco del XV Congreso Estatal, Iberoamericano e Internacional de Trabajo Social celebrado en Gijón, en una mesa moderada por Marta Simón Gil y compartida con Sara López Fernández.

¿Qué hacemos desde el Trabajo Social frente al patriarcado, el capitalismo y el neocolonialismo que provoca la destrucción de la vida y del planeta? ¿Qué hacer cuando el poder se sostiene sobre la explotación, dominación, violencia y opresión de las mujeres y la tierra? El Trabajo Social Feminista (TSF) como respuesta.

Conviene recordar una breve definición de feminismo: una filosofía, una forma de pensamiento científico, una acción personal y un movimiento político que tiene su origen en el siglo XVIII, en la Ilustración. Supone la toma de conciencia de las mujeres acerca de la opresión, dominación, subordinación, y explotación a la que han estado, y están, sometidas bajo el patriarcado, lo que las mueve a la acción para su liberación, transformando todas las condiciones y situaciones que la sociedad requiera. (adaptado de Diccionario ideológico feminista de Victoria Sau, 1981)

En un momento de denostación brutal del feminismo y de auge de los relatos y posicionamientos fascistas, urge situarnos en los modelos de Trabajo Social crítico-radicales, y dentro de ellos el TSF (o ecofeminista), pese a los obstáculos en contra. Últimamente tengo la sensación de que las feministas nos encontramos en una especie de indefensión aprendida, si nos quejamos y protestamos,… somos las aguafiestas, que diría Sara Ahmed, las que nos quejamos por todo, y si no protestamos enérgicamente, peor, nos cuestionan con dónde estaban las feministas cuando… Hagamos lo que hagamos, siempre estará mal. ¿Le ocurre lo mismo al Trabajo Social? También muchas personas se preguntan dónde estaban los servicios sociales cuando… ocurre cualquier desgracia con una niña o un niño, por ejemplo. A lo mejor es hora de responder que los servicios sociales están colapsados y no pueden cuidar en estas condiciones, a lo mejor las feministas estamos hartas de la violencia constante y del cuestionamiento/cancelación por ser incordias. Mirar el mundo con gafas violetas y naranjas no es opcional, una vez que nos las ponemos, no paramos de identificar machismo y misoginia, pero tampoco paramos de proponer alternativas, veamos algunas.

Prácticamente todas las apuestas de transformación igualitaria, ética y sostenible de este mundo han nacido de iniciativas feministas; la economía feminista ha puesto en el debate la sostenibilidad de la vida, romper con la división sexual del trabajo o la redistribución de la riqueza y el bienestar humano al  proponer una economía basada en la interdependencia y la ecodependencia, reconociendo que los seres humanos somos vulnerables y necesitamos cuidados, y que la economía depende de los límites finitos del planeta. La coeducación, que también parte de autoras feministas, nos propone un modelo pedagógico que valora y respeta por igual aportaciones y experiencias de mujeres y hombres, elimina jerarquías entre lo masculino y lo femenino, identifica privilegios y opresiones, democratiza la sociedad y permite igual acceso a todas las posibilidades, entrenando en competencias socioafectivas y valores para una sociedad igualitaria. Algo en lo que coincide el TSF ya que, como garantes de derechos, no podemos permanecer al margen de un sistema patriarcal, opresor y violento. El análisis y la respuesta ante el sexismo es un objetivo compartido entre el TSF y la coeducación, que nos permite avanzar hacia relaciones igualitarias, justas y respetuosas entre mujeres y hombres, construyendo escenarios en los que la existencia de 736 millones de mujeres en el mundo, víctimas de violencia física o sexual por parte de su pareja (Naciones Unidas, 2024), sea solo un mal sueño. Y para ese avance hemos de partir de un posicionamiento ético que nos haga pasar de discursos políticamente correctos a la coherencia práctica:

  • Coherencia ética personal:
    • ¿Cuidamos lo que consumimos y cuánto consumimos? ¿Nos quejamos de la crisis de la vivienda y nos vamos de vacaciones alquilando viviendas vacacionales? ¿Vamos con el lema “piensa globalmente y actúa localmente” por bandera, pero compramos en Amazon, Temu, Shein o en grandes superficies, en lugar de en comercio de barrio? ¿Apoyamos a mujeres artistas, artesanas, agricultoras,… o seguimos comprando productos manchados de sangre palestina, por ejemplo? ¿Nos cuidamos para poder cuidar?
  • Coherencia ética profesional:
    • ¿Articulamos estrategias de resistencia frente a la violencia institucional? ¿Toleramos lo intolerable, la precarización del trabajo, la sobrecarga, la escasa remuneración? ¿Utilizamos nuestro poder en el trabajo con las personas para empoderar o para mantener el status quo? ¿Cuándo trabajamos con mujeres transformamos sus condiciones y posición en el mundo o abordamos solo las condiciones materiales y mantenemos las posiciones de desigualdad y subordinación? ¿Nuestras organizaciones permiten conciliar / cuidar? ¿Trabajamos por horarios o por objetivos? ¿Hay protocolos claros frente al acoso y otras violencias? ¿Estamos dispuestas a seguir sosteniendo lo insostenible o nos rebelamos recuperando el espíritu de la huelga del 8M de 2018?
  • Ética de los cuidados – bienestar común (Carol Gilligan), Enfoque de capacidades para una vida digna de ser vivida (Martha Nussbaum) y promoción de la cultura del buentrato, como enfoques teóricos para la prevención de las violencias y la construcción del “vivir sabroso” que popularizara Francia Márquez.Es importante repasar las diez capacidades humanas que plantea Nussbaum, pues resulta un marco de interés para nuestra profesión (vida; salud corporal; integridad corporal; sentidos, imaginación y pensamiento; emociones; razón práctica; afiliación; otras especies; capacidad para jugar y política). No es objeto de este texto su desarrollo, pero insto a consultarlas. Como afirma Silvia Navarro (2017), no hay justicia sin cuidado, ni cuidado sin justicia. ¿Qué podemos cuidar desde el TSF? Proteger la vida y las necesidades humanas a través de una renta básica universal. Pero también evitar la maternalización de las relaciones, cuidar es empatía, apoyo, escucha, acompañamiento,… estar. ¿Quiénes nos permiten desarrollarnos personal y profesionalmente? ¿Otras mujeres? No debemos olvidar que las cadenas globales de cuidados operan sobre desigualdades sexistas, clasistas, étnicas y geográficas. ¿Somos capaces de identificar privilegios y opresiones o tratamos en un mismo nivel a mujeres y hombres en nuestra intervención social? ¿Mediamos ante violencias machistas? ¿Mantenemos la idea de que un maltratador es buen padre? ¿Somos conscientes de la violencia vicaria e institucional? ¿Identificamos la autonomía y capacidad de negociación real que tienen las mujeres en relaciones desiguales de poder? ¿Cómo actuamos ante la cultura del riesgo, las fratrías, la distancia emocional, la ausencia de los hombres en la asunción de sus responsabilidades parentales? Antes de adentrarnos en la coeducación como eje central, recomiendo un decálogo de claves comunicativas para favorecer la ética de los cuidados que escribí en mi blog en 2019 y que puede dar ideas para llevar a la práctica.
  • Coeducación, más allá del ámbito educativo. La escuela es un espacio de relación, pero también los Servicios Sociales lo son, ¿podemos aplicar estrategias coeducativas en otros espacios fuera de la escuela? Por supuesto, y siempre que se trabaje con infancia debería ser obligatoria la formación en coeducación. ¿Qué nos ha aportado este modelo pedagógico? Coeducar no es juntar a niñas y niños, es reconocer las desigualdades sexistas y las jerarquías de poder para poder transformarlas, es permitir la expresión emocional de los niños y el ímpetu y la valentía de las niñas, es educar los afectos y la sexualidad frente a la pornificación, la hipersexualización y las pantallas. La coeducación nos permite identificar una serie de ámbitos de sensibilización e intervención para construir escuelas coeducativas (Subirats y Tomé, 2007): el lenguaje; los libros de texto y materiales didácticos: textos e ilustraciones; la distribución y uso del espacio, la distribución y uso del tiempo; el uso del material escolar; las producciones libres del alumnado, la imagen del centro; las manifestaciones de violencia y afectividad; la orientación académica y profesional; la participación del alumnado; las relaciones con las familias y con el personal no docente. Va más allá del uso no sexista del lenguaje, ya que, aunque nombrar importa, el orden simbólico en el que lo hacemos también; pero la coeducación nos permite identificar cómo nos representamos las mujeres, si contamos con referentes, cómo ocupamos los espacios y los tiempos, cómo gestionamos los conflictos, cómo accedemos a los espacios de poder,… Cómo cuidamos y protegemos a la infancia frente a la violencia vicaria e institucional … ¿Seguimos poniendo el peso de los cuidados en las madres y eximimos a los padres ausentes? Los centros educativos tienen experiencias coeducativas muy interesantes que se pueden extrapolar a la intervención social (ej. Skolae). Tenemos que dejar de funcionar en compartimentos estancos, mucha “visión integral” pero luego parece que la perspectiva feminista solo la aplicamos si trabajamos con mujeres y con infancia, discapacidad o personas mayores perdemos la perspectiva. Hay infinidad de materiales y programas estructurados coeducativos que podemos aprovechar en otros sistemas de bienestar social (ej. Buenos tratos La Rioja para infantil y primaria, el previogen de la ULL o el enrédate sin machismo del Cabildo de Tenerife). ¿Compramos cuentos coeducativos a las niñas y niños en nuestras familias? ¿Apostamos por autoras que cuidan y transmiten valores (ej. Susanna Isern, Lucía Serrano, Begoña Oro,…? ¿Estamos alerta con los estereotipos sexistas Romantasy en adolescentes? La prevención no puede limitarse a acciones paracaidistas, tenemos que dejar de despilfarrar dinero público en charlas puntuales cada 8M o 25N y apostar por programas estables y continuados de prevención del sexismo y las violencias y promoción de la igualdad.
  • TSF grupal y comunitario. Si el principal espacio de la coeducación es la escuela, no debemos olvidar que esta es un espacio relacional, vincular, grupal… y, ¿en qué somos expertas las trabajadoras sociales? En trabajo grupal y comunitario; hemos promovido la participación en colectivos o asociaciones (feministas, vecinales, sindicales, ecologistas,…) y tenemos que volver a hacerlo. Recuperar la ilusión y el trabajo fuera del despacho (menos gestión y más prevención). Tenemos referentes ecofeministas que nos inspiran (movimiento Chipko, las pacifistas de Greenham Common, el Green Movement con Wangari Maathai) y creo que, frente a los relatos de odio, tenemos que recuperar y visibilizar estrategias de resistencia y difundir y apoyar prácticas exitosas e inspiradoras (desde Altri Non hasta pequeñas iniciativas como A abelliña azul). El TSF grupal inserto en procesos de empoderamiento, participación y autogestión comunitaria es la mejor herramienta en estos tiempos para dar respuesta a los malestares individuales; no podemos seguir atendiendo necesidades individuales cuando muchas tienen un origen estructural. Las trabajadoras sociales tenemos un reto en los diferentes sistemas, especialmente en Servicios Sociales y Educación, de dar respuestas colectivas. Mi experiencia en intervenciones grupales en el sistema educativo culminó en la creación de redes de apoyo entre familias, en la participación en AMPAS o en la constitución de estas donde no existían. En el caso de las mujeres, la participación grupal es un escenario de entrenamiento para el empoderamiento personal y colectivo, de ahí que sean necesarios los espacios propios; en los espacios mixtos, el tiempo y la palabra siguen monopolizadas por los hombres y mientras nosotras hacemos el trabajo de base, ellos ocupan los espacios de poder. Para las mujeres los grupos funcionan como caminos hacia la libertad, como espacios de validación de emociones y experiencias y de refuerzo de la propia identidad. Y tenemos un reto con los hombres, y especialmente con los chicos jóvenes, hay que poner el foco en la prevención y generar espacios virtuales alternativos a las comunidades de incels o la manosfera (ejemplo de interés: Broders).

Finalizo insistiendo en que hemos de pasar de una profesión feminizada a una profesión feminista, del “no me da la vida” a “qué vida queremos”, y en esa vida hemos de contar con referentes feministas, apoyarnos y construir redes de sororidad entre nosotras, trabajar sobre lo que nos une y no lo que nos separa, y nombrarnos como acto político. Si estoy aquí es gracias a leer y compartir con trabajadoras sociales feministas como Marta Simón, Raquel Millán, Koldobi Velasco, Mª José Aguilar, Lorena Añón, Karina Fernández D’Andrea, Toñi Aretio, Belén Navarro, Diana Mari-Pino, Nuria Fustier, Marta Cárdaba,… (imposible nombraros a todas).

Cuidar fue el primer signo de civilización, sostener la vida en condiciones de equidad nos permitirá salvarnos como especie y salvar al ya maltrecho planeta. Como diría Sés, sigo escollendo a utopía, y quiero finalizar con esta frase:

Somos las primeras en ser despojadas de la tierra fértil, el aire sano y el agua limpia. Somos mano de obra barata y precarizada de la cual se sirve la industria agroalimentaria para producir alimentos plagados de agrotóxicos. Somos quienes soportamos el abuso sexual cuando la masculinidad hegemónica campea por nuestros territorios. Nos vemos afectadas en nuestra vida cotidiana cuando aparecen las grandes obras de infraestructura que el agronegocio requiere, cortando por el medio nuestros barrios y pueblos. Somos quienes cargamos en nuestras espaldas con los cuidados de un sistema que enferma. Somos expulsadas y olvidadas de las organizaciones sociales que se estructuran bajo una lógica patriarcal. Somos quienes sufrimos la violencia cuando nos dicen que nos quedemos en casa sin importar si tenemos casa. Pero también somos nosotras quienes nos alzamos en rebeldía y sostenemos con digna rabia nuestras utopías. (Prólogo de Alicia Migliaro González (2005) en Feminismo o muerte de Françoise d’Eaubonne, 1974)

Referencias:

  • Ahmed, Sara (2024). Vivir una vida feminista. Bellaterra.
  • Alabao, Nuria (2025). Íncels, gymbros, criptobros y otras especies antifeministas. Lo que la manosfera nos dice de los adolescentes y del mundo en que vivimos. Contexto.
  • Cobo-Bedia, Rosa (2026). Hacia una nueva política sexual. Las mujeres ante la reacción patriarcal. Catarata.
  • De Miguel-Calvo, Estíbaliz y Mendia-Azkue, Irantzu (eds.) (2022). Inquietudes feministas en el Trabajo Social. UPV.
  • Dominelli, Lena y MacLeod, Eileen (1999). Trabajo social feminista. Cátedra.
  • Fombuena, Josefa (coord.) (2020). El trabajo social y su acción profesional. Nau Llibres.
  • Gallardo-Peralta, Lorena y Sánchez-Moreno, Esteban (2020). Para qué servimos las trabajadoras sociales. Catarata.
  • Girela-Rejón, Blanca, Campos-Saavedra, Luis, Estepa-Maestre, Fco. (2023). Necesidades básicas y bienes democráticos: el sujeto de desarrollo comunitario, 63-79, en Trabajo Social en la sociedad contemporánea. Ética, cuidado y digitalización. Tirant humanidades.
  • Herrero, Yayo, Gago, Verónica (2023). Ecofeminismos. La sostenibilidad de la vida. Icaria.
  • hooks, bell (2017). El feminismo es para todo el mundo. Traficantes de sueños.
  • Jiménez-Carrasco, Isabel y Lorente-Molina, Belén (eds.) (2003). Género e intervención. Convergencias y sinsentidos. Centro universitario de estudios sociales.
  • Lagarde, Marcela. (2005). Para mis socias de la vida. Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres, liderazgos entrañables y las negociaciones en el amor. Horas y horas.
  • Limón-Domínguez, Dolores, Solís-Espallargas, Carmen y Pabón-Figueras, Manuela (coords). (2021). Ecofeminismo. Redes que tejen futuro. Octaedro.
  • Mies, Maria y Shiva, Vandana (1993). Ecofeminismo. Teoría, crítica y perspectivas. Icaria
  • Moriana-Mateo, Gabriela (coord.) (2024). Trabajo social con perspectiva feminista. Tirant humanidades.
  • Navarro-Pedreño, Silvia (2017). Saber femenino, vida y acción social. Dar a luz experiencias creadoras. CCS.
  • Nogueiras, Belén, Blanc, Pilar y Pliego, Purificación (2005). Los talleres y grupos de reflexión entre mujeres como prevención de la violencia. Una experiencia en una Concejalía de Mujer. Cuadernos de Trabajo Social, 18, 351-360.
  • Pandora Mirabilia Coop. (2011). La coeducación en la escuela del siglo XXI. La Catarata.
  • Puigvert, Lidia (2001). Las otras mujeres. El Roure.
  • Puleo, Alicia (2011). Ecofeminismo para otro mundo posible. Cátedra.
  • Sanz, Fina. (2016). El buentrato como proyecto de vida. Kairós.
  • Simón, Elena (1999). Democracia vital. Mujeres y hombres hacia la plena ciudadanía. Narcea.
  • Simón, Elena (2010). La igualdad también se aprende. Cuestión de coeducación. Narcea.
  • Sobremonte de Mendicuti, Emma y Rguez.-Berrio, Arantxa (eds) (2019). El trabajo social en un mundo en transformación. ¿Distintas realidades o nuevos relatos para la intervención? (Tomos I y II). Tirant humanidades.
  • Subirats, Marina y Tomé, Amparo (2007). Balones fuera. Reconstruir los espacios desde la coeducación. Octaedro.
  • Valverde-Gefaell, Clara (2015). De la necropolítica neoliberal a la empatía radical. Violencia discreta, cuerpos excluidos y repolitización. Icaria.
  • Varela, Nuria (2024). Feminismo 4.0. La cuarta ola. Penguin Random House.
  • VV.AA. (2011). Cuestiones de género en Trabajo Social. Políticas sociales en Europa, nº 29, marzo 2011. Hacer editorial.
  • VV.AA. (2024). La interseccionalidad. Un enfoque clave para el trabajo social. Dykinson.
  • VV.AA. (2002). Género y educación. La escuela coeducativa. Graó.
  • VV.AA. (2000). El harén pedagógico. Perspectiva de género en la organización escolar. Graó.
  • Zaitegi, Nélida (2025). Alto y claro. Claves para repensar la educación. Plataforma editorial.

2 respuestas a “Cuidados, coeducación y prevención de las violencias: aportes feministas para transformar el Trabajo Social”

  1. Muchísimas gracias, María por la reflexión, por integrar tantas aportaciones, por interpelarnos para mejorar y por servir de estímulo en nuestro compromiso feminista para avanzar hacia un mundo mejor, con más justicia e igualdad

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *