Nota previa: este largo post responde a una petición de una mujer maravillosa de mi familia que me dijo un día que estaba muy preocupada por el auge de la ultraderecha y que temía la pérdida de derechos para la infancia con discapacidad, si llegaban a gobernar. Esta larga reflexión quiere servir para que las personas de su entorno puedan tener otra visión; una que todavía no ha visto que el mundo salte por los aires por todas las amenazas que enarbola el fascismo, pero sí ve cada vez con mayor preocupación que la amenaza real es que grupos totalitarios avancen y destruyan la democracia que tanto nos costó alcanzar.
En 2024 se estrenó una serie, La fiebre, que todo el mundo debería ver. Explica magistralmente cómo se construye el odio en redes sociales, y cómo ese odio puede derribar gobiernos y alzar a quienes lo promueven. Lo que parecía ficción se ha convertido en realidad en nuestro país (y en muchos más, o ¿cómo creemos que Trump ha logrado la presidencia?), pero por no irnos muy lejos, vamos a intentar desmontar en este post los postulados viscerales que emponzoñan la convivencia y están promoviendo un incremento de los partidos de ultraderecha que lesionan constantemente los derechos humanos.
El odio se construye creando un enemigo ficticio sobre mentiras y medias verdades. El 86% de la población española entre 12 y 74 años utiliza redes sociales, lo que equivale a unos 40 millones de personas (IAB Spain, 2026); las más usada en España son WhatsApp, Instagram, YouTube, Facebook, TikTok y X, aunque tampoco se quedan atrás Telegram, Snapchat o Reddit. Dentro de esas redes hay miles de personas produciendo contenido y millones de bots (en muchos casos maliciosos) expandiéndolo. Y en las redes se produce mucho contenido de interés, no se trata de demonizarlas, pero también son una fábrica de expansión de bulos y vulneración de derechos humanos. Y esto es aprovechado de forma magistral por formaciones políticas, que hasta hace nada eran minoritarias, y ahora están socavando los cimientos de la democracia.
Los ideales fascistas tras la segunda guerra mundial y la Declaración Universal de Derechos Humanos fueron arrinconados; era vergonzoso clamar públicamente la simpatía por regímenes hitlerianos. En España tardamos en deshacernos de la dictadura, pero, por fin, a partir de 1978 se empieza a instaurar una tímida democracia en nuestro país; aunque las ideas no se borran de la noche a la mañana y mucha gente las escondió para acomodarse a los nuevos tiempos, pero seguían latentes. Pasaron décadas en las que resultaba impensable glorificar al caudillo o exhibir públicamente banderas con el aguilucho; los actos por el 20N o el 18J eran totalmente minoritarios, sin embargo, a partir del siglo XXI y, específicamente a partir de 2010, cada vez con mayor frecuencia empiezan a exhibirse postulados fascistas sin rubor. El tema se agudiza con el triunfo de gobiernos progresistas (el mismo patrón en numerosos países, pero insisto, vamos a centrarnos en el nuestro) que coincide con la vorágine de numerosos cambios sociales, el boom de las redes sociales entre ellos.
Los algoritmos en redes hacen que constantemente un mismo mensaje se retroalimente de diferentes formas, por lo que se dificulta que las personas accedan a distintas fuentes y puedan contrastar la información para generar pensamiento crítico; es decir, tienes una idea (ejemplo: los inmigrantes nos roban el trabajo) y serás bombardeado/a por múltiples informaciones (falsas la mayoría de ellas, por cierto) que te confirman esa idea y contribuyen a radicalizarla (ejemplo: no solo nos roban el trabajo sino que van a reemplazar a la población española y se perderá nuestra identidad). Y esto llega a la gente desde la visceralidad, no desde la racionalidad, por eso cala tanto, especialmente en una población de hombres jóvenes, descolocados con el avance de la igualdad, con escasa formación y con unas expectativas vitales precarias (crisis medioambiental, habitacional, económica, relacional, personal …) que piensan que su vida es un asco por culpa de las mujeres, los y las migrantes, el colectivo LGBTI, … y cualquier otro enemigo ficticio que la ultraderecha se ha encargado de construir para no señalar el verdadero problema: el capitalismo salvaje, la acumulación de la riqueza en unos pocos, la agudización de las desigualdades sociales fruto de políticas neoliberales de privatización y derribo de lo público, y nuestro eterno “amiguito”, el patriarcado.
Vamos a hacer un repaso de esas ideas reaccionarias, con una alternativa para la reflexión. Todas las ideas han sido extraídas del programa de un partido político español, que tiene nombre de diccionario (cuyos integrantes no se distinguen por haber cogido uno) y al que no voy a hacer publicidad para no alimentar el algoritmo, pero que todo el mundo identifica.
| IDEA FASCISTA | REFLEXIÓN ALTERNATIVA |
| Prioridad Nazional: bajo este eslogan se agrupa la idea de que todas las políticas públicas han de ir dirigidas en exclusiva a españoles (empleo, vivienda, ayudas económicas ,…) y ya, si sobra algo, a las personas extranjeras en situación administrativa regular, siempre que demuestren arraigo y amor a la patria. Para el resto, cierre de fronteras, deportaciones masivas, eliminación del derecho a la sanidad, incremento del gasto en defensa, participación en misiones militares de combate … | ¿Qué es ser español? ¿Español es ser blanco? ¿Si naces en España y eres negra no eres española? ¿Español es quien hable en esa lengua? ¿Una galega que fala galego no es española? ¿Si tienes la nacionalidad española, aunque no hayas nacido aquí, eres española? ¿Qué es lo que otorga la españolidad? Podríamos seguir haciéndonos preguntas hasta el infinito. España es un gran país, como otros muchos; quienes hemos nacido aquí podríamos haberlo hecho en cualquier otro, pero el destino ha querido que nos ubiquemos en España. Yo particularmente no creo en las patrias (más bien creo en las matrias), creo que todo el mundo que cuide y ame el hogar donde vive debería ser “nacional” de ese lugar, independientemente de su lugar de nacimiento. A un país lo hace grande y lo construye la gente que habita en él, da igual si han nacido en Senegal, Nigeria, Venezuela o Cuba. Gente que trabaja de sol a sol en la agricultura, en los cuidados, en nuestros barrios, y a quienes se pretende estigmatizar y vender como enemigos. Nada hay más eficaz para el triunfo de regímenes fascistas que ver al otro, a la otra, como enemigo. Se asocia inmigración con delincuencia, y claro, hay migrantes delincuentes, como hay españoles, y a quien delinca que se le juzgue y condene, que para algo estamos en un estado de derecho (aunque cada vez lo parezca menos), pero estigmatizar y sembrar el odio y el rechazo hacia todo un colectivo no contribuye a una convivencia pacífica, de la que disfrutábamos hasta que llegó el fascismo a enfangarlo todo. A quienes votan opciones que promueven este odio, les preguntaría ¿tienes a alguien en sus familias a quien esté cuidando una migrante? ¿Comes frutas recogidas por personas extranjeras? ¿Quiénes sostienen la hostelería para que tú te puedas tomar cañas diciendo que hay que deportar a los inmigrantes? Imagina que esas personas desaparecen, ¿sería tan maravillosa España? Si tu respuesta es sí, puedes dejar de leer, si te lo cuestionas, sería importante buscar otras fuentes, contrastar datos, centrarnos en retomar una convivencia pacífica y en exigir a los partidos políticos que refuercen lo público cuando gobiernen y no lo desmantelen. El problema del colapso en muchos servicios públicos (como la sanidad) no es culpa de quienes vienen en patera, es de votar a opciones ultraconservadoras que priman el beneficio de lo privado frente a la garantía de derechos en lo público. Tu problema no son las personas migrantes, son los fondos buitre que especulan con la vivienda, son los empresarios avariciosos que no quieren una contratación en origen porque eso supone pagar más y prefieren explotar a personas en situación irregular porque son más vulnerables y tienen menos opciones de defender sus derechos. Pregúntate a quién apoyas si votas fascismo, si a tu abuela, que cuando más le han revalorizado la pensión es con gobiernos progresistas, o a banqueros, empresarios, criptobros estafadores y youtubers muy “patriotas” que no pagan impuestos en España (impuestos que recuerdo financian la educación, la sanidad, los servicios sociales … que utilizamos habitualmente). |
| Pensamiento único (derogación de leyes de memoria histórica), estado único (adiós a las autonomías), prioridad del español por encima de cualquier lengua cooficial, primar las gestas y hazañas de conquistadores y guerreros del pasado, apoyar la tauromaquia y la caza … | La diversidad que tenemos en nuestro país es lo que lo hace tan rico culturalmente; el fascismo siempre ha tenido por bandera el lema “muera la inteligencia”. Vender que la unidad nacional es lo mejor es obviar que cada pueblo tiene derecho a su autodeterminación; no podemos homogeneizar lo diferente, supone cargarse de un plumazo la historia sobre la que se construye nuestro país. Admitir solo una única forma de pensar y creernos que tenemos razón, nos puede conducir al error, a fiarnos de líderes cuyo único interés es el sometimiento del pueblo para el engrandecimiento de sus propios egos (y sus bolsillos). Hay una frase atribuida al periodista Walter Lippmann que dice “donde todos piensan igual, nadie piensa” (luego mi admirada Sés hizo una canción maravillosa sobre esta idea), hemos de huir de quienes quieren reescribir la historia a su antojo para vendernos una única verdad. La divergencia respetuosa enriquece, siempre que se produzca en un marco de derechos humanos porque no todas las opiniones son respetables, aquellas sin argumentos racionales, que insultan o que están basadas en “un vídeo de YouTube”, despreciando siglos de avances científicos, no deberían tener cabida en una sociedad democrática; el machismo, la misoginia, el racismo, la LGBTIfobia, … cualquier tipo de odio no es tolerable. ¿De verdad queremos un futuro que glorifique a Hernán Cortés y odie a nuestro vecino del 5º? ¿Queremos anclarnos en un pasado de hitos construidos sobre el expolio, el colonialismo y la dominación o queremos avanzar hacia un futuro que cuide la vida e intente mantener la integridad del planeta? ¿Preferimos vivir de capotes toreros o de productos de agricultura ecológica? ¿De verdad queremos que el dinero público vaya a corridas de toros en lugar de apoyar la sostenibilidad del campo y la pesca? ¿Somos conscientes de lo que puede cambiar un voto? |
| Negacionismo de la emergencia climática, liberalizar el suelo para seguir ahogándonos en cemento, fomento de teorías conspiranoicas y anticientíficas, … | Y en relación con esa sostenibilidad de la vida, y como escribí hace un par de meses, estamos en una cuenta atrás para que no desaparezcamos como especie. Toda la evidencia científica acredita que el cambio climático avanza inexorablemente; estamos en un momento de incertidumbre, ya que si no se adoptan políticas valientes para frenarlo nuestro futuro será muy oscuro. No nos podemos permitir opciones políticas que nieguen esto porque lo que está en juego no es solo nuestra vida sino la de las futuras generaciones. España es uno de los países del mundo más vulnerables al cambio climático (aumento de temperatura, en desertización y sequías estamos en el ranking 28 a nivel mundial, estrés hídrico, DANAs, se han perdido el 80% de los glaciares pirenaicos, …) ¿Qué elegirías con tu voto? ¿Al poder económico mundializado que se apoya en complejos entramados económicos transnacionales que, burla las leyes, destruye los territorios y criminaliza y reprime las resistencias que surjan (asesinando defensoras/es de la tierra, incluso)? ¿O elegirías opciones que, al menos, propongan limitar el crecimiento sin control y el cuidado del planeta? |
| Sobre derechos sociales, discapacidad, dependencia,… la alusión más alucinante es esta: “Desarrollo de un plan integración de las personas con síndrome de Down. Tratadas como una condición personal, no una discapacidad, y amparándoles ante la persecución que sufren por parte de quienes se han propuesto exterminarles.” (sic) (sin comentarios) | Como todo el mundo sabe, España es país pionero en el exterminio de personas con síndrome de Down, salimos en el Guinness de los récords y todo (mode ironic on). Llevar en un programa electoral esta medida debería ser motivo suficiente para no votar a ese partido, máxime cuando parece que las únicas personas con discapacidad que existen son las que presentan síndrome de Down, obviando la compleja realidad de las discapacidades. Una de las cuestiones que hace grande a España es el desarrollo de políticas sociales públicas, todavía insuficientes, sí, pero somos referencia europea y mundial en muchísimos aspectos. Somos el país que reconoció el derecho subjetivo a las personas dependientes con la Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia, de los primeros países del mundo en garantizar el matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo, en aprobar ayudas para las personas en desempleo que agotaran las coberturas establecidas, leyes contra las violencias machistas, de igualdad … Todas las leyes que nos han hecho avanzar en derechos han sido promovidas por gobiernos progresistas. ¿Eres capaz de encontrar qué mejoras en tu calidad de vida ha habido con gobiernos conservadores? Busca cuánto se revalorizó el SMI (salario mínimo interprofesional) en tiempos reaccionarios y cuánto en tiempos progresistas, o la revalorización de las pensiones, o el aumento de las prestaciones de la ley de dependencia, … si no lo quieres buscar ya te informo yo que la diferencia es significativa según el color político, una pista: progresistas suben más, conservadores estancan las cuantías. ¿Tienes alguna persona dependiente o con discapacidad en tu familia? ¿De verdad vas a dejar su calidad de vida en manos de quienes mienten y no la garantizan solo por “amor a la bandera y a la patria”? Igual es cuestión de preguntarse cuántas banderas se pueden comer cuando se hayan cargado el maltrecho estado de bienestar que nos queda. |
| La familia natural es la única a proteger, esa familia en la que el hombre es quien manda y la violencia contra las mujeres se invisibilizará porque se defiende la derogación de las leyes que la sancionan y previenen. La familia en la que se considera que el espacio natural de las mujeres es el hogar y ya, en otros países, hay discursos que promueven la eliminación del voto femenino. La familia en la que el objetivo principal para las mujeres es que se conviertan en paridoras por lo que se suprime el derecho al aborto. Se suprimen todos los organismos de igualdad y los “organismos feministas radicales subvencionados” (sic). | Y he dejado para el último lugar, pero no por ello menos importante, la reacción antifeminista que está alentando la ultraderecha. En diferentes períodos históricos, cuando las mujeres han avanzado en sus derechos siempre ha habido reacciones patriarcales que han tratado de boicotearlos; en este siglo esas reacciones se ven alimentadas por los relatos en las redes sociales, legitimados por formaciones políticas, que pretenden volver a reducirnos a esclavas del hogar. Sin embargo, los logros que ha conseguido el feminismo con relación a la emancipación y la libertad de las mujeres no vamos a permitir que retrocedan, pese a la denostación constante de este movimiento. Recuerdo que en mi anterior post hay una definición de feminismo, pero el resumen es que ir a favor de los derechos de las mujeres no es ir en contra de los hombres, por muy interesados que estén en la manosfera en reafirmar esa idea. La cuestión fundamental es que estamos entre la confrontación de dos modelos de entender la vida: aquel que apuesta por el liberalismo salvaje, por la negación de derechos y la falta de respeto a las diversidades, por el enriquecimiento de unos pocos a costa de la explotación de unos muchos, por la injusticia, la precarización, la desigualdad y la violencia, frente a otro modelo que apuesta por la sostenibilidad de la vida, por los cuidados, por otra manera de entender las relaciones humanas basada en el respeto, el diálogo, la igualdad y los buenos tratos; un modelo garante de derechos y justicia social, que posibilite un reparto igualitario de la riqueza y del poder, que erradique privilegios y construya sociedades democráticas y libres de tiranías y opresiones. El primer modelo se construye a base de mentiras y discursos de odio, de poner el acento en lo que nos separa en lugar de en lo que nos une, mientras que el segundo se construye sobre el diálogo y la disensión respetuosa, el fomento del pensamiento crítico, las palabras bientratantes, poniendo el foco en lo que nos une, en lo constructivo, … Un modelo nos puede conducir a la extinción como especie, el otro nos puede llevar a la supervivencia. El primero es el defendido por la ultraderecha, el segundo por el feminismo. Y tú, ¿por qué apuestas? ¿Por la violencia o por la igualdad y la justicia social? |
No puedo hacer eterna esta reflexión, pero sí remitir a las hemerotecas y a los pactos de gobierno recientes que se han alcanzado en Comunidades Autónomas como Extremadura, Andalucía, Aragón o Castilla y León que destacan por la supresión de los organismos de igualdad, un brutal recorte a los recursos de atención a la violencia contra las mujeres, la eliminación de oficinas de información a migrantes, paralización de leyes que pretendían abordar el cambio climático, apoyo a los intereses de las grandes empresas contaminantes, desprotección de espacios naturales en favor de más cemento, … No es un invento. Está pasando. ¿Qué pasaría si en tu familia violaran a una mujer y no tuviera recursos de apoyo para sostenerla y acompañarla en su recuperación? ¿Qué hacemos cuando seamos mayores y se hayan cargado todo el sistema de protección social? Soy consciente de las mentalidades individualistas que nos rodean, pero apelo a la empatía y a la conciencia humana para poder transformar esto. Los enemigos no son quienes que te están vendiendo, el enemigo real es quien te está vendiendo el odio y el falso patriotismo.
Fuente imagen: Sensacine

2 respuestas a “El algoritmo del odio: desmontando a la ultraderecha”
Las redes sociales juegan un papel negativo en la transmisión de «verdades fáciles», ideas acuñadas para destruir, impactan, se repiten, hasta el más desinformado «sabe» de cualquier tema, muestra su autoridad y certeza con un video de escasos minutos. Estas herramientas se pusieron al servicio de la destrucción del sentido común. Como se revierto esto?
Querida Mónica, ya me gustaría saber a mí cómo revertirlo. Creo que es una responsabilidad compartida por los poderes públicos, la escuela, las familias,… hay que educar pero también sancionar y controlar todo lo que se produce en redes. No puede ser que una agresión por la calle, en vivo, tenga sanción y todo el odio, las agresiones, la desinformación,… que se vierten en redes queden impunes, hay que regular esto urgentemente, ya llegamos tarde. Y totalmente de acuerdo, cada vez menos sentido común, en fin… Un abrazo enorme.