En estos días corren por redes sociales numerosos comentarios pidiendo que no nos feliciten por el 8 de marzo, que este día no es una fiesta, ni un carnaval. Y es cierto, y parece mentira que lo tengamos que estar recordando año tras año. El 8 de marzo conmemora la lucha de las mujeres por nuestros derechos y libertades. El 8 de marzo es el día de las mujeres, para las mujeres y por las mujeres. No es un día para que tomen la voz los hombres, no es un día para reivindicar otras causas, por muy legítimas que sean. Es un día donde el protagonismo y la voz ha de ser nuestra.
En este contexto de agresión constante a nuestros derechos, de violencias exacerbadas, de deslegitimación de nuestros discursos,… solo faltaba que en nuestro día el protagonismo lo asumieran otros… Pero está pasando, especialmente en los últimos años. El respeto por la historia y la memoria feminista ha dado paso a un sinfín de actos surrealistas, desde charlas impartidas por hombres por el “día de la mujer” (una mujer, a saber quién) hasta fiestas más próximas a actos del orgullo LGBTI que a actos feministas. El orgullo tiene su día, el 28 de junio, las distintas orientaciones sexuales e identidades tienen sus respectivos días, prácticamente todas las causas imaginables tienen sus propios días, pero oye, venga a colonizar el nuestro. Siempre he dicho que si todo es feminismo, nada lo es, y aunque compartimos agenda con muchas luchas y la interseccionalidad ha de ser un principio importante a tener en cuenta, el 8M es nuestro, de las mujeres porque, a este paso, para tener un día propio vamos a tener que pedir permiso.
Así pues, en este 2026, con un mundo en manos de psicópatas y pederastas (o ambas cosas a la vez) que nos están conduciendo a la destrucción, al odio y a las guerras, las mujeres feministas más que nunca debemos alzarnos contra el patriarcado y las violencias que se ejercen sobre nuestros cuerpos y el planeta. Un ecofeminismo que reivindique la paz y la ternura, los cuidados y el poder en la misma medida, desde una responsabilidad ética y compartida. Y con una exigencia a los hombres, ya está bien de esconderos en el victimismo, en el not all men o en el revanchismo, tenéis que interpelar a vuestros congéneres, asumir con valentía que el machismo, la misoginia y las violencias no son tolerables, que se puede ser hombre de otra manera y que hay que visibilizarla, sí, durante todos los días del año, pero el 8M dejadnos a nosotras ser y estar.
Y otra exigencia a las administraciones públicas, dejad de vender como igualitario (ya ni siquiera feminista) algo que no lo es. Dejad los discursos esencialistas (las mujeres cuidamos por genética, las mujeres somos maravillosas, las mujeres somos la belleza de la creación y otras barbaridades similares), dejad de invertir dinero público en financiar antifeminismo y, sobre todo, dejadnos a las mujeres el protagonismo y la gestión de nuestro día.
Compañeras, tenemos muchos retos que afrontar y demasiada violencia y precariedad en nuestras vidas, pero nos tenemos unas a otras, logramos el sufragio, derechos sexuales y reproductivos, acceder a la educación y al empleo y a espacios de poder… podemos seguir alcanzando logros y extendiéndolos a más mujeres, especialmente en otros contextos en los que muchos de nuestros logros son todavía un sueño, mujeres para las que es un logro la subsistencia diaria. Nuestros avances deben ser los avances de todas y no permitir ni un solo retroceso más. La agenda feminista está siendo duramente atacada y cuestionada, así que, en este 8M, ni un paso atrás. No queremos flores ni felicitaciones, queremos igualdad, derechos, justicia, paz y libertad; nos queremos vivas, libres y sin miedo.
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