Trabajo Social en tiempos convulsos


Lo que está ocurriendo a nivel mundial nos tiene en shock a muchas personas, un estado de terror y estupor que nos puede limitar la acción … o no (el miedo paraliza o activa para la supervivencia). El sistema bien se ha encargado de sembrar emociones complejas últimamente, en demasiada gente ha sembrado odio y en quienes observamos el panorama, rabia, impotencia y frustración. Desde el genocidio en Gaza, que ahora nos venden como un futuro complejo turístico, hasta el avance del fascismo en el país que se presentaba como paradigma de la democracia y ha terminado asesinando a sus ciudadanos y ciudadanas impunemente, la deshumanización y vulneración de Derechos Humanos campa a sus anchas y sin freno. En Estados Unidos, la población civil está haciendo frente de forma pacífica a la nueva Gestapo (ICE), lo que está costando vidas, pero ningún gobierno está actuando de forma contundente para frenar al matón naranja y a todo su séquito (esto no va de una sola persona, hay demasiados cómplices). Si en nuestro país, con el gobierno actual, ocurriera lo que está pasando en Norteamérica ya nos hubieran invadido (cual Venezuela) para ejemplificar lo “perniciosa” que resulta la izquierda, pero como lo hace un gobierno conservador en el país más poderoso del mundo, no ocurre nada. Como nada ocurre para frenar otras masacres que suceden … desde las violencias machistas hasta genocidios y abandonos de pueblos a su (mala) suerte.

¿Y esto qué tiene que ver con el Trabajo Social? Mucho. Como nos recuerda la teoría del caos con el efecto mariposa, “aquellas acciones que parecen de lo más insignificantes pueden llegar a tener un impacto descomunal en los sistemas de mayor tamaño. Esta metáfora, inspirada por la imagen de una pequeña mariposa batiendo sus alas en un rincón del planeta y desencadenando un huracán en el otro hemisferio, lleva a explorar como las pequeñas perturbaciones se propagan a través del tiempo y del espacio, alterando con su evolución el curso de los diferentes eventos” (*).

El malestar planetario que estamos viviendo pasa factura a la gente de a pie, la voracidad capitalista incide en los precios, tanto de la cesta de la compra como de la vivienda o los carburantes; el turismo depredador está lesionando los territorios y la habitabilidad, impidiendo el acceso a viviendas asequibles. La pobreza se está incrementando en un mayor volumen de personas, al tiempo que lo hace la riqueza en manos de unos pocos. ¿El resultado? Servicios Sociales cada vez más desbordados, Unidades de Salud Mental saturadas, empleo más precarizado, aulas con adolescentes con problemas conductuales, autolisis, desesperanza y desmotivación, … Todos los sistemas públicos hacen aguas porque se ha engordado la iniciativa privada como nunca, dejando desangrar lo público.

Esta semana me contaba una madre que no podía dormir, que se encontraba mal y que quería que la derivaran a psiquiatría para que le mandaran “algo”, pero estamos psiquiatrizando problemas sociales (en este caso, un desahucio próximo, carencias económicas, discapacidad, problemas de salud,… y no sigo porque hay más). No hay píldoras mágicas frente la problemática social, tiene que haber acompañamiento, apoyo, organización colectiva y resistencia, y ahí el Trabajo Social es clave.

También en estos días se publicaba una noticia en la prensa canaria que decía: “El éxito turístico deja en Canarias 24 millones de euros más cada día” y yo me pregunto dónde están esos millones que no llegan a quienes los necesitan; municipios turísticos con Servicios Sociales en lamentable estado de extinción, con los mismos recursos para intervención familiar que hace 20 años, sin espacios grupales de apoyo familiar, sin talleres de entrenamiento en competencias parentales, sin programas preventivos,… todo focalizado en intervenciones individuales, asistenciales, porque la demanda desborda. Poniendo parches ante una realidad social compleja y multidimensional que requiere planificaciones a medio y largo plazo, visión política, técnica y ciudadana sobre el mundo que queremos, evitando la inmediatez y organizando el futuro (o no quedará futuro que organizar).

Después de 36 años como trabajadora social, sigo creyendo que nuestra profesión es clave en el cambio social; atendemos a cientos de personas, si tuviéramos la capacidad de organizarlas críticamente, inundaríamos las calles. El Trabajo Social tiene las estrategias para escuchar, acompañar procesos, cuidar y favorecer el bienestar en estos tiempos de malestares. Y si ejercemos Trabajo Social Feminista ya ni os cuento, tendríamos el pack completo de cambio estructural desde un enfoque igualitario y afectivo. Creo que somos ideales para combatir el odio con amor, las desigualdades con igualdad y las injusticias con justicia social, pero en lugar de seguir haciendo una labor de hormiguitas en despachos, tenemos que colectivizar la intervención social y la lucha. Es tiempo de visibilizar, de demostrar que hay más gente buena en el mundo frente a la publicidad de los malvados; nuestra profesión no admite tibiezas, de lo contrario, estaríamos contribuyendo a consolidar este nuevo orden mundial que nos quieren imponer: fascista, machista, racista,… y vulnerador de derechos.

Quiero seguir pensando que el mal no triunfará, que lograremos revertir esta distopía que estamos viviendo, porque las futuras generaciones se merecen un mundo mejor y habitable, una vida digna de ser vivida, porque las personas adultas, y especialmente quienes trabajamos con niñas y niños, somos responsables de hacerles más transitable el camino.

(*) Freire, Noelia (2023). El efecto mariposa o cuando pequeñas acciones desencadenan grandes cambios. National Geographic.


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